domingo, 22 de septiembre de 2013
El mito tradicional y la cultura de hoy . Jaque al Edipo . Por Ricardo Rodulfo . Para Página 12 .
Hoy, cuando tantos padres buscan una relación con sus hijos no basada en jerarquías verticales, cuando tantos hombres desean acercarse a su bebé para que sea efectivamente su bebé y no un curioso objeto de la madre, cuando la sexualidad en la casa paterna está autorizada no sólo para la pareja adulta; hoy, en fin, cuando todo un sistema de polaridades declina y se desvanece para dar lugar a una nueva relación con la diferencia, hoy el motivo edípico se desacomoda, en un suelo que ya no le es propicio. Privilegiar lo incestuoso del modo en que lo hizo Freud tiene como requisito un hijo con mucho miedo al padre; uno de los grandes desafíos actuales es cómo refundar una disciplina y una autoridad allí donde el chico no les tiene más miedo a los grandes.
El motivo edípico queda jaqueado también por basarse en un ideal normativo donde lo normal y lo deseable es la heterosexualidad, cuando la oposición hetero/homosexual ha caído, proliferan las parejas del mismo sexo y –algo esencial– con el deseo de tener hijos. Esta segunda reivindicación, apenas lograda la primera, desanuda la implicación fuerte entre deseo de hijo y heterosexualidad, en la que creía el psicoanálisis (en rigor, creía fundamentarla mejor de lo que se la había fundamentado antes). Ya no es posible despachar el asunto refiriéndose a los “perversos” de acuerdo con el dogma de las tres estructuras canonizado por Lacan.
Y queda jaqueado de nuevo por la frecuencia de configuraciones familiares irregulares para el paradigma burgués convencional, ensambles donde queda corto el léxico tradicional y abunda una serie de relaciones sin nombre, como la del hijo o la hija con la mujer de su papá y con los hijos que esta mujer a su turno aporta. Que no haya un vocablo específico para ese vínculo –la mujer del padre no es significada como sustituto materno, estando la madre a disposición– no le resta peso a lo importante que puede llegar a ser. Vemos con frecuencia cómo un niño o una niña manejan con maestría diferencial estas relaciones: a aquella mujer a veces se le cuentan cosas o se comparten experiencias, con su madre otras, y determinados silencios en cada caso. No habrá confusión, siempre y cuando padre y madre estén vigentes.
Orígenes de la espontaneidad . Los bebés saben jugar . Por Ricardo Rodulfo . Para Página 12 .
Una singular experiencia clínica en la década de 1940 rebatió un paradigma clásico: el de que primero está la necesidad de comer y sólo después el deseo de jugar. Pero en ese momento no se extrajeron todas las consecuencias posibles. El psicoanalista René Spitz descubrió entonces lo que conocemos como “hospitalismo”. Se trataba de bebés internados, por prematurez u otros accidentes tempranos, en buenos hospitales, que contaban con la mejor tecnología de la época: a salvo de infecciones, bien balanceada su alimentación: sin embargo, enfermaban y hasta morían; su crecimiento se detenía, perdían peso, exhibían un comportamiento compatible con la palabra depresión. ¿Qué sucedía? Spitz apuntó al hecho de que esos bebés recibían de todo, sí, menos trato y contacto humano; bien manipulados en tanto objetos-organismos, nadie los pensaba como subjetividades, nadie se vinculaba con ellos afectivamente; dicho de otra manera, nadie jugaba con ellos. El modo de que dispongo para relacionarme en serio con un bebé es jugando con él de alguna manera. Los adultos que “no saben” jugar con los bebés son impotentes para conectarse con ellos; deben esperar a que el chico hable, y bastante, para poder acercarse. Los que sí “saben” son instintivamente diestros en jugar con ellos, incluso con la voz: los bebés no hablan, pero les gustan los juegos musicales y se incorporan a ellos enseguida. Saber estar con un bebé es saber jugar con él y esto es desde el principio. Cuando un recién nacido no se prende al pezón, algo falla en ese encuentro y regularmente hallaremos una madre tensa, que “no sabe” manipular su pezón como un juguete.
Spitz no llegó a advertir lo que sí advirtió Donald Winnicott: no hay necesidad más perentoria que la necesidad de otro, y esta necesidad tiene curso adecuado en la experiencia de jugar con otro. Supongamos que observo a un bebé: hay una cosa, y sólo una, que me dará la pauta de que no estoy en presencia de un mero organismo, limitado a comer, llorar, dormir y cosas así: es descubrir, acaso en un momento fugaz, que juega. El que juegue excede su naturaleza de organismo; jugar no es un capítulo de la biología (sí de la etología y, sobre todo, de la primatología). No puedo justificar el que juegue apelando a ninguna necesidad “básica” o “biológica” tradicionalmente considerada, no responde a ninguna “apetencia” concreta determinable como tal. Otro punto decisivo: no se lo enseñó nadie. El deseo de jugar, la necesidad de jugar, la emergencia espontánea del jugar es una emergencia incondicionada, impredecible, irreductible. Esto es particularmente incómodo para el adulto, acostumbrado a pensar, adultocéntricamente, que él “da” y el pequeño “recibe”. Ciertamente, él juega con (si todo anda bien), pero no le “dio” eso al bebé, eso que hace que cualquier cosa –un sonido, un botón, un pezón– devenga objeto de juego.
A esta emergencia incondicionada, originaria sin origen, siguiendo a Winnicott la denominamos espontaneidad. No en el sentido corriente de que alguien “haga lo que quiere”, sino de que haga algo que nadie “quiere”, que nadie tenía previsto. Le cambio los pañales: bien pronto descubre lo divertido que es patalear, no quedarse quieto, desacomodando todo lo que intenta hacer la madre. Esto no estaba previsto en el encuadre adulto de los cuidados, donde el juego siempre es inoportuno e innecesario. Pero el ser humano empieza por necesitar eso innecesario y el no quedarse quieto es capital. Jugar es no quedarse quieto.
En su momento, el psicoanálisis había rozado el problema al referirse a los juegos sexuales infantiles como hechos de suma importancia y gravitación (en verdad, la masturbación no patológica formaba parte de dichos juegos), pero es previsible que en ese tiempo la palabra “juego” pasara inadvertida; se trataba de juegos sexuales. El desplazamiento que Winnicott inicia y que procuramos continuar escribe, en cambio, juegos sexuales infantiles. Si un niño logra jugar sexualmente, sea con una exploración autoerótica o con otros niños y niñas, es decir, si una cualidad lúdica impregna su actividad sexual, entonces su desarrollo subjetivo está por ese lado a salvo de enfermedad. En la medida en que su sexualidad ingrese a un campo de juego, esto le permitirá una apropiación tranquila de ella. Si lo sexual va sin juego, estaremos, por ejemplo, en el terreno de lo traumático, del abuso o la seducción; la sexualidad tomará un sesgo excitado y compulsivo, en el fondo más dedicado a calmar ansiedad que a gozar. Los niños con síndrome de masturbación compulsiva son un exponente cabal de esta situación. Si la sexualidad queda disyunta del jugar, entonces no se integra a la vida, se disocia, se escinde, se reprime y retorna de modos patológicos y patógenos. Es fácil observar esto en la sexualidad del adulto, cuando, valga el caso, una mujer no puede jugar con su pareja y esto deriva en compromisos poco saludables: él acude a prostitutas para poner en escena lo que con ella no se da; ella se masturba de manera culposa, tortuosa, con esas mismas fantasías injugables.
Jugar no es un hecho entre tantos otros: es el hecho capital de la existencia psíquica en su emerger. Es la manera originaria de subjetivarse: mucho antes de poder decir “yo”, el bebé se subjetiva cuando cuando agarra algo con decisión, para jugar con eso.
sábado, 21 de septiembre de 2013
Relaciones humanas sanas .
LA MEJOR MANERA DE QUE CREZCA SANA.
En cualquier tipo de relación, se hacen muchas suposiciones.
La parte que no vemos, de la que no tenemos pruebas o evidencias, o para la que no tenemos explicación en vez de dejarla en blanco la completamos con la imaginación.
Frecuentemente es el miedo el que dibuja esa parte oscura con temores. Así, cuanto más miedo tengamos, peores serán nuestros pronósticos.
Lo ideal, en cualquier tipo de relación, sería desprenderse del miedo. No es un buen consejero.
Disfrutarla aquí y ahora.
Esta es la mejor manera de que crezca sana. Que lo que tenga que ser será. Pero no lo precipitemos.
En cualquier tipo de relación, se hacen muchas suposiciones.
La parte que no vemos, de la que no tenemos pruebas o evidencias, o para la que no tenemos explicación en vez de dejarla en blanco la completamos con la imaginación.
Frecuentemente es el miedo el que dibuja esa parte oscura con temores. Así, cuanto más miedo tengamos, peores serán nuestros pronósticos.
Lo ideal, en cualquier tipo de relación, sería desprenderse del miedo. No es un buen consejero.
Disfrutarla aquí y ahora.
Esta es la mejor manera de que crezca sana. Que lo que tenga que ser será. Pero no lo precipitemos.
Psicopatía : trastorno antisocial de personalidad .
¿Qué lleva a un individuo a cometer un crimen, sin sentir miedo o compasión?
De acuerdo a Robert Hare, autoridad mundial en psicología criminal, y profesor de la Universidad de Columbia Británica (Canadá), señala que precisamente la única característica ineludible en un psicópata “es que carecen de emociones, de la capacidad de situarse en el lugar de otra persona para siquiera imaginar su sufrimiento”.
También agrega Hare que un psicópata busca entrar en tu cerebro hasta intentar imaginar lo que piensas, pero nunca podrá llegar a comprender cómo te sientes. Incluso está demostrado que un psicópata puede llegar a relacionarse social o intelectualmente, pero siempre viendo a las personas como objetos, es decir, le quitan al otro los atributos de persona para valorarlo como cosa.
La psicopatía es la anomalía psíquica, un trastorno antisocial de la personalidad, por la que, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social del individuo que la padece.
Las causas que se han encontrado del por qué de la conducta psicopática indican que como son individuos relativamente insensibles al dolor físico, rara vez adquieren miedos condicionados, tales como el miedo a la desaprobación social o a la humillación, miedo que restringirían sus malas acciones y les darían un sentido del bien y del mal.
Las características conductuales del psicópata podrían ser determinadas tanto por factores fisiológicos, como por factores socio-psicológicos. La conducta psicopática podría ser causada por traumas infantiles que generan conflictos por los cuales el “Niño” no puede identificarse con el progenitor del mismo sexo ni apropiarse de sus normas morales. Los psicólogos conductistas creen que la conducta psicopática resulta del aprendizaje.
El psiquiatra norteamericano Hervey M. Cleckley, pionero en la investigación sobre psicopatía, distinguió tiempo atrás en 1941, en su reconocido libro La máscara de cordura, cuatro subtipos diferentes de psicópatas:
Los PSICÓPATAS PRIMARIOS no responden al castigo, a la aprehensión, a la tensión ni a la desaprobación. Parecen ser capaces de inhibir sus impulsos antisociales casi todo el tiempo, no debido a la conciencia, sino porque eso satisface su propósito en ese momento. Las palabras no parecieran tener el mismo significado para ellos que el que tienen para nosotros. No siguen ningún proyecto de vida, y parece como si fueran incapaces de experimentar cualquier tipo de emoción genuina.
Los PSICÓPATAS SECUNDARIOS son arriesgados, pero son individuos más proclives a reaccionar frente a situaciones de estrés, guerreros, y propensos a la culpabilidad. Se exponen a más estrés que la persona promedio, pero son tan vulnerables al estrés como la persona promedio. Son gente audaz, aventurera y poco convencional que comenzó a establecer sus propias reglas de juego a temprana edad. Son conducidos fuertemente por un deseo de escapar o de evitar dolor, pero también son incapaces de resistir a la tentación. Tanto los psicópatas primarios como los secundarios están subdivididos en:
Los PSICÓPATAS DESCONTROLADOS: los que parecen enfadarse o enloquecer más fácilmente y más a menudo que otros subtipos. Su frenesí se asemejará a un ataque de epilepsia. Por lo general son también hombres con impulsos sexuales increíblemente fuertes, capaces de hazañas asombrosas con su energía sexual. También parecerían estar caracterizados por ansias muy fuertes, como en la drogadicción, la cleptomanía, la pedofilia, cualquier tipo de indulgencia ilícita o ilegal.
Los PSICÓPATAS CARISMÁTICOS: son mentirosos encantadores y atractivos. Por lo general están dotados de uno u otro talento, y lo utilizan a su favor para manipular a otros. Son generalmente compradores, y poseen una capacidad casi demoníaca de persuadir a otros para que abandonen todo lo que poseen, incluso hasta sus vidas. Este subtipo llega a menudo a creerse sus propias ficciones. Son irresistibles.
Los PSICÓPATAS PRIMARIOS no responden al castigo, a la aprehensión, a la tensión ni a la desaprobación. Parecen ser capaces de inhibir sus impulsos antisociales casi todo el tiempo, no debido a la conciencia, sino porque eso satisface su propósito en ese momento. Las palabras no parecieran tener el mismo significado para ellos que el que tienen para nosotros. No siguen ningún proyecto de vida, y parece como si fueran incapaces de experimentar cualquier tipo de emoción genuina.
Los PSICÓPATAS SECUNDARIOS son arriesgados, pero son individuos más proclives a reaccionar frente a situaciones de estrés, guerreros, y propensos a la culpabilidad. Se exponen a más estrés que la persona promedio, pero son tan vulnerables al estrés como la persona promedio. Son gente audaz, aventurera y poco convencional que comenzó a establecer sus propias reglas de juego a temprana edad. Son conducidos fuertemente por un deseo de escapar o de evitar dolor, pero también son incapaces de resistir a la tentación. Tanto los psicópatas primarios como los secundarios están subdivididos en:
Los PSICÓPATAS DESCONTROLADOS: los que parecen enfadarse o enloquecer más fácilmente y más a menudo que otros subtipos. Su frenesí se asemejará a un ataque de epilepsia. Por lo general son también hombres con impulsos sexuales increíblemente fuertes, capaces de hazañas asombrosas con su energía sexual. También parecerían estar caracterizados por ansias muy fuertes, como en la drogadicción, la cleptomanía, la pedofilia, cualquier tipo de indulgencia ilícita o ilegal.
Los PSICÓPATAS CARISMÁTICOS: son mentirosos encantadores y atractivos. Por lo general están dotados de uno u otro talento, y lo utilizan a su favor para manipular a otros. Son generalmente compradores, y poseen una capacidad casi demoníaca de persuadir a otros para que abandonen todo lo que poseen, incluso hasta sus vidas. Este subtipo llega a menudo a creerse sus propias ficciones. Son irresistibles.
El psicólogo criminal Robert Hare sostiene que los psicópatas “no sienten ninguna angustia personal ni tienen ningún problema; el problema lo tienes tú. Su capacidad para castigar a sus víctimas se basa en un comportamiento anormal del cerebro, que reacciona de manera completamente distinta a como lo hace el de una persona sana”.
Años atrás el doctor Hare a partir de la revisión de expedientes penitenciarios y a entrevistas realizadas a criminales, concluyó que este tipo de personalidad puede evaluarse mediante una lista de 20 características o síntomas:
1. Locuacidad / Encanto superficial.
2. Egocentrismo / Sensación grandiosa de la autovalía.
3. Necesidad de estimulación / Tendencia al aburrimiento.
4. Mentira patológica.
5. Dirección / Manipulación.
6. Falta de remordimiento y culpabilidad.
7. Escasa profundidad de los afectos.
8. Insensibilidad / Falta de empatía.
9. Estilo de vida parásito.
10. Falta de control conductual.
11. Conducta sexual promiscua.
12. Problemas de conducta precoces.
13. Falta de metas realistas a largo plazo.
14. Impulsividad.
15. Irresponsabilidad.
16. Incapacidad para aceptar la responsabilidad de las propias acciones.
17. Varias relaciones maritales breves.
18. Delincuencia juvenil.
19. Revocación de la libertad condicional.
20. Versatilidad criminal.
1. Locuacidad / Encanto superficial.
2. Egocentrismo / Sensación grandiosa de la autovalía.
3. Necesidad de estimulación / Tendencia al aburrimiento.
4. Mentira patológica.
5. Dirección / Manipulación.
6. Falta de remordimiento y culpabilidad.
7. Escasa profundidad de los afectos.
8. Insensibilidad / Falta de empatía.
9. Estilo de vida parásito.
10. Falta de control conductual.
11. Conducta sexual promiscua.
12. Problemas de conducta precoces.
13. Falta de metas realistas a largo plazo.
14. Impulsividad.
15. Irresponsabilidad.
16. Incapacidad para aceptar la responsabilidad de las propias acciones.
17. Varias relaciones maritales breves.
18. Delincuencia juvenil.
19. Revocación de la libertad condicional.
20. Versatilidad criminal.
Por su parte, un estudio reciente realizado por el profesor de la Universidad de Cornell, Jeff Hancock y sus colegas, los psicópatas tienden a escoger palabras muy concretas cuando hablan de sus crímenes. El informe fue publicado en la revista Legal and Criminological Psychology , y reveló que 14 varones psicópatas usaban más palabras como “porque” o “por lo tanto”, que implican que tienen un objetivo claro cuando comenten sus crímenes. Y usan dos veces más términos relacionados con necesidades físicas como los alimentos, el sexo y el dinero. Y en su discurso apenas incluyen palabras que hagan referencia a la familia, la religión y otras necesidades sociales. Asimismo suelen usar más el tiempo pasado y hablan menos fluido, empleando más “ums” y “uhs” que el resto de la población.
Fuentes consultadas:
http://blogs.elcomercio.pe/elclubdeloinsolito/2008/06/por-que-no-lloran-los-psicopat.html
http://www.muyinteresante.es/ide-que-hablan-los-psicopatas
http://quantumfuture.net/sp/pages/psicopatia.html
Cómo detectar a un psicópata .
Hay una frase que dice: “No son todos los que están, ni están todos los que son”. Se refiere a que ni todos los que están en un hospital psiquiátrico son ‘locos’, ni todos los locos que existen están encerrados. Psicópatas hay en todas partes: manejando un transporte público, administrando una empresa o gobernando un país. Allí, donde menos se los espera puede haber alguien que padece unapsicopatía: un trastorno antisocial de la personalidad. Claro que esto no implica necesariamente que esas personas sean ‘malas’, simplemente que no sienten empatía por el prójimo ni remordimiento por sus actos, con todo lo que esto significa. Viven bajo sus propias reglas, y solo sienten culpa cuando rompen con su código.
Para los psicópatas las personas son cosas, objetos que sirven para satisfacer sus propios intereses. Si su ‘programación’ no implica lastimar al otro, no lo harán. Y podrán vivir en comunidad porque comprenden los códigos sociales. Se adaptan. Lo terrible sucede cuando no pueden evitar hacer daño. Pero la mayoría no comente delitos, aunque no tienen reparos en mentir, manipular o lastimar para conseguir lo que tienen en mente.
Cuando sí delinquen, desde un punto de vista penal, como conscientes de sus actos, son imputables. Pero a diferencia de un reo normal, no existe posibilidad de corregir su conducta por lo que la rehabilitación se basa en fomentar una forma de vida que les reporte beneficios y evite penas.
20 CLAVES PARA DETECTAR A UN PSICÓPATA
Faceta interpersonal:
1. Tienen gran oratoria y encanto. Son simpáticos y conquistadores en primera instancia.
2. Poseen una autoestima exagerada. Se creen mejores que el resto.
3. Mienten patológicamente. Engañan sobre todo para conseguir beneficios o justificar sus conductas.
4. Se comportan manipuladoramente. Y, si son lo suficientemente inteligentes, los demás no notarán estas conductas psicopáticas.
1. Tienen gran oratoria y encanto. Son simpáticos y conquistadores en primera instancia.
2. Poseen una autoestima exagerada. Se creen mejores que el resto.
3. Mienten patológicamente. Engañan sobre todo para conseguir beneficios o justificar sus conductas.
4. Se comportan manipuladoramente. Y, si son lo suficientemente inteligentes, los demás no notarán estas conductas psicopáticas.
Faceta afectiva:
5. No sienten remordimiento o culpa. Jamás se sienten en deuda.
6. Afectivamente son frívolos y superficiales. No conciben emociones, aunque pueden simularlas llegado el caso.
7. Les falta empatía. Son indiferentes. Y hasta pueden manifestar crueldad.
8. Tienen una incapacidad patológica para asumir su responsabilidad en los hechos. No aceptan sus errores. Por ello raramente solicitan una asistencia psicológica, ya que para ellos el problema siempre lo tienen los otros.
5. No sienten remordimiento o culpa. Jamás se sienten en deuda.
6. Afectivamente son frívolos y superficiales. No conciben emociones, aunque pueden simularlas llegado el caso.
7. Les falta empatía. Son indiferentes. Y hasta pueden manifestar crueldad.
8. Tienen una incapacidad patológica para asumir su responsabilidad en los hechos. No aceptan sus errores. Por ello raramente solicitan una asistencia psicológica, ya que para ellos el problema siempre lo tienen los otros.
Faceta estilo de vida:
9. Necesitan constantemente estímulos. Caen con facilidad en el aburrimiento.
10. Les gusta un estilo de vida parasitario.
11. Actúan descontroladamente.
12. Carecen de metas realistas a largo plazo. Viven como nómadas, sin dirección.
13. Se comportan impulsivamente. Con recurrentes actos no premeditados. Sumada una falta de reflexión sobre las consecuencias de sus acciones.
14. Son irresponsables.
9. Necesitan constantemente estímulos. Caen con facilidad en el aburrimiento.
10. Les gusta un estilo de vida parasitario.
11. Actúan descontroladamente.
12. Carecen de metas realistas a largo plazo. Viven como nómadas, sin dirección.
13. Se comportan impulsivamente. Con recurrentes actos no premeditados. Sumada una falta de reflexión sobre las consecuencias de sus acciones.
14. Son irresponsables.
Faceta antisocial:
15. Tienden a delinquir durante la juventud.
16. Muestran problemas de conducta desde la niñez.
17. Padecieron la revocación de su libertad condicional.
18. Cuentan con versatilidad para la acción criminal. Tienen predilección por las estafas y los delitos que requieran de la manipulación del otro.
15. Tienden a delinquir durante la juventud.
16. Muestran problemas de conducta desde la niñez.
17. Padecieron la revocación de su libertad condicional.
18. Cuentan con versatilidad para la acción criminal. Tienen predilección por las estafas y los delitos que requieran de la manipulación del otro.
Otras no incluidas en ningún factor ni faceta:
19. Tienden a una vida sexual promiscua. Con varias relaciones breves y mantenidas simultáneamente. Les gusta compartir abiertamente sus proezas sexuales y conquistas.
20. Acumulan muchos matrimonios de corta duración. No se comprometen a largo plazo, por la informalidad con la que se plantean el vínculo.
19. Tienden a una vida sexual promiscua. Con varias relaciones breves y mantenidas simultáneamente. Les gusta compartir abiertamente sus proezas sexuales y conquistas.
20. Acumulan muchos matrimonios de corta duración. No se comprometen a largo plazo, por la informalidad con la que se plantean el vínculo.
Estos ítems constituyen el popular método PCL (Psychopathy Checklist) desarrollado por Robert Hare, doctor en Psicología y profesor de la Universidad de Columbia Británica en Canadá. Se puntúa cada atributo de cero a dos, y para el correcto diagnóstico se suma una entrevista semiestructurada y el análisis del historial del paciente. Según Hare, el uno por ciento de la población es psicópata.
Incluso a temprana a edad puede darse el caso. Según el psiquiatra forense John MacDonald hay una triada que podría evidenciar una futura personalidad psicopática: el maltrato animal, la piromanía y la enuresis -la persistencia de hacerse pis sin control pasado el tope de los cuatro o cinco años de edad-.
En la sociedad ya quedó instaurada, gracias a Hollywood, la idea de que todos los psicópatas son comoHannibal Lecter o Dexter –encantadores, por cierto-. Pero está claro que no hace falta descuartizar a alguien para estar orate. Así que mejor estar atento a quienes te rodean. No sea el caso de estar sufriendo de una alocada manipulación y no haberte dado cuenta aún.
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